Ágora15

Mi proyecto. Tras el intento fallido de La Voz de la Calle me quedaron unas ganas enormes de participar en una publicación de izquierdas. Además, personalmente estaba obligado a intentar algo porque la situación económica, estando en el paro, empezaba a ser crítica. Primero lo pretendí hacer de manera asamblearia, juntando algún amigo y a un grupo de los compañeros del periódico, pero veía que todo se retrasaba demasiado, y decidí ponerme en marcha yo sólo.
La idea era hacer una publicación con el espíritu del 15M, que se me había incrustado en lo más hondo, como he seguido demostrando con mi participación activa en la Asamblea Popular de mi localidad. Que abarcara mi zona, la sierra, que estuviera vinculado a los movimientos sociales, a los sindicatos, a los partidos.
Lo que hice fue pedir dinero a mis amigos, vinculándolos al proyecto. Algunos por ayudarme, y los más también por invertir en un proyecto que les gustaba, pusieron el mínimo dinero que yo calculaba para poder sacar tres números. Era una chulada salir en esas condiciones, siendo consciente de una evidencia: una publicación necesita de al menos un año para darse a conocer. Pero yo estaba convencido de que la gente iba a reaccionar inmediatamente ante una propuesta de ese calado, con la imperiosa necesidad que había -y que hay, desde luego- de tener una publicación que recoja lo que no se dice en la prensa, que sea una especie de portavoz de los movimientos sociales, de las injusticias, de las aspiraciones y reivindicaciones de los que menos tienen. De ahí que me centrara en las suscripciones, también porque la parte comercial estaba más en tela de juicio, hasta que la cabecera representara una fuerza con la que había que contar, en razón a su línea editorial.
Había confiado en varios elementos que me fallaron nada más ponernos en marcha, sobre todo me hizo mucho daño la renuncia de quien se iba a encargar, precisamente, de la parte comercial. Y ya no hubo forma de encontrar alguien que cumpliera ese papel.
Y no, me equivoqué, la gente necesita mucho tiempo para comprometerse en algo, por muy de izquierdas que sea. Me exigieron demasiadas pruebas, les costaba mucho dar el pequeño apoyo de una suscripción. No llegué a tener ni doscientas suscripciones.
Creo que la existencia de los cuatro número que finalmente aparecieron hablan por sí solos de la línea editorial, del compromiso, de la profesionalidad, etc.
Desde luego aprovecho esta oportunidad para agradecer la entrega a mi consejo de redacción: a Emily Juett, Juan Pedro Martínez, Chus Aparicio, Rafael Claudín Di Fidio, Lucía Oliveras, Juanjo Castellón, Jonathan Gil Muñoz, Raúl García Hémonnet, Juan Cabrera, Francisco Miguel Justo, Sonia de Mier, Alberto Cruz, también a Juanjo Delapeña y a Daniel Claudín por sus fotografías y al resto de compañeros que colaboraron aunque fuese esporádicamente con la publicación. Y también a Juan Fairén, claro, a Javier Batanero, a Tato Cabal, a Chema Alonso, a Alfonso González Calero, a David Marco, a Gerben Gerbrandij, a Irene Bloemen, a mi sobrina Merche, a Chon de las Heras, a Carlos Iglesias, y a Javier y a Juan Carlos de la Asamblea de Villalba, en representación de todos los otros amigos que creyeron en mi y que sí me apoyaron decididamente.
Lo que sigue es lo que yo firmé.

12.4 Último número
12.4 De Garzón a la Huelga General
12.4 Con Ricardo Zaldívar, ATTAC
12.4 Diario de Invierno, Paul Auster
12.4 El caso de Rosa Andradas, una familia acosada
12.4 El prisionero del cielo, Zafón
12.4 Con el agua al cuello, Petros Markaris
12.4 Cuando pase tu ira, Asa Larsson
12.1 Cuando la democracia se convierte en trampantojo absolutista
12.1 Escuela de Cuentacuentos
12.1 Familias homosexuales
12.1 Javier Batanero
12.1 Los Berrocales, Mariano de Diego
12.1 Con Antón Reixa
12.1 Cierre Radio Villalba
12.1 Un Dios salvaje, Román Polansky
11.12 Con Gianfranco Mascia
11.12 Seda de araña, Tato Cabal
11.12 Recortes a la democracia en Collado Mediano
11.11 Con Ramón Aymerich

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