Balance electoral 3. La izquierda.

Dic
2015
25

Publicado por en Miscelánea

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Me voy a permitir incluir aquí al PSOE en este apartado, algo en lo que no creo, pero que me gustaría que en algún momento fuese cierto. Lo hago por el cariño y el respeto a muchos de sus militantes, que siguen aguantando una política, unos modos y una práctica ajena al socialismo, a la defensa de los trabajadores. Aunque es cierto que ha impuesto conquistas sociales importantes, el PSOE es el que inició las privatizaciones, el que ha cambiado el texto constitucional para quitarle soberanía al pueblo y dársela a las élites comerciantes y a los que mandan en Europa, el que vota junto al Partido Popular Europeo, por ejemplo, a favor del TTIP, el primero en hacer una reforma laboral, etc. Y ahora no hace falta más que escuchar a Susana Díaz o a Felipe González para saber de qué partido estamos hablando, amén de que este último habla como habla porque chochea y, desde luego, él sí, es casta.

Pues ese partido, al que ya no se le da más margen porque ha perdido toda la confianza de mucha gente, salvo la de esos militantes que le quedan, que sacrifican sus ideas a la lealtad a una organización histórica, ha sido el segundo más votado, por aquello del voto debido. El primer partido en Andalucía, lo que se explica tan poco como el voto mayoritario al PP, porque el PSOE también está enfangado allí por el caso de los ERE, que al parecer merecía una recompensa, en lugar de un castigo.

Ahora es el partido que más difícil lo tiene; o lo piensa muy bien y es honesto con su historia, o lo va a pagar haga lo que haga. Es tal vez el momento de su definición definitiva, cueste lo que le cueste.

Lamento profundamente el tropezón de Izquierda Unida. Aunque las penas con votos son menos. A pesar de lo que ha granizado este año, y lleva tormenteando desde hace varios en la organización, demuestra seguir respaldado por un buen número de ciudadanos, es decir, mantiene un apoyo considerable. Tal vez porque, como yo, creen que está en una línea de regeneración auténtica, adaptándose al presente, desde una solidez programática y una tradición que merece la pena no despreciar. O es el voto comunista, que exige su sitio, y lo que hay que hacer, de una vez por todas, es disolver la coalición y reflotar, si quieren, el PCE.

En todo caso, no pinta nada en número de diputados, ni siquiera tiene los que permitirían un tripartito; pero es una corriente de opinión que es obligado atender con respeto.

Y hablando de UP-IU hay que mencionar, aunque sólo sea de pasada, lo tremendamente injusta que es la ley electoral, que elección tras elección nos tenemos que seguir tragando y padeciendo porque los que han gobernado hasta el momento han querido que así siguiera siendo: una ley electoral antidemocrática que sirviera descaradamente a los intereses bipartidistas, a los partidos del sistema, incluida la derecha nacionalista.

Están los grupos que no son nada, que saben perfectamente que se van a quedar a años luz de conseguir representación, que quitan votos a organizaciones que sí están en puestos de salida, pero que su ego les impide renunciar a sus personalísimos proyectos, puros, eso sí; tan puros que se morirán vírgenes, jodiendo.

Y Podemos.

De cómo veo el futuro a través suyo escribiré en el siguiente capítulo de esta interesantísima saga. Ahora me limitaré a su resultado y a la noche electoral.

Fenomenal resultado, nadie lo discute. Corto para las expectativas de los últimos días, creadas por las encuestas, pero el gran alegrón de la noche.

Yo aún formo parte de la Asamblea Comarcal Noroeste del 15M, ahí y en la asamblea de mi pueblo llevo desde que se inició el movimiento, allá por el 15 de mayo de 2011. Desde luego aquella fecha inició un profundo proceso de cambio (voy despacio porque voy lejos) cuyo salto más importante, en lo que a representación política se refiere (algo indispensable aunque muchos compañeros no estén de acuerdo en hacer no sé cuánto caso a lo institucional) se culminó con la jornada electoral de hace unos días, habiéndose iniciado con la formación de Podemos como partido político.

No estoy diciendo que Podemos represente el 15M, pero desde luego que hay mucho 15M en Podemos, y es Podemos una de las consecuencias de la existencia del 15M, de sus enseñanzas.

Ya lo dije: quería que ganara Podemos, también quiero que llegue a gobernar. Sin embargo hay cosas que no me gustan, por la sencilla razón de que pudiendo haber sido una organización de nuevo cuño, se ha convertido en un partido a la clásica, sólo que con una visión moderna, actual. Pablo Iglesias, aunque le quiero como presidente del país, no me gusta del todo; reconozco que su discurso es bueno, su savoir faire es indiscutible. Pero no le perdono que no haya logrado el acuerdo con IU a nivel nacional, tampoco que se arrogue los votos de Podemos en Cataluña, el País Vasco y Galicia, cuando ahí va también IU, ni otras arrogancias y modos.

Y lo más sorprendente fue su discurso en la plaza del Reina Sofía en la noche electoral, que no está colgado junto a los demás vídeos de la campaña, incluida la rueda de prensa de la mañana siguiente. Así que si cometo algún error de apreciación o interpretación es porque no lo he podido volver a escuchar, y en el sonido fue horrendo porque ninguna tele llevó una unidad móvil allá y la señal se sacó del streaming. Lo resumo: en un discurso emocionante, vibrante, que me puso los pelos de punta, Pablo Iglesias reivindicó la herencia de todos los movimientos proletarios que en esta España han sido, es decir, del comunismo, del socialismo, del anarquismo, del republicanismo, eso citando a personajes como Durruti, Largo Caballero, Pasionaria o Rosa León, además de Imanol, José Díaz, etc. Es decir, lo que pareció decir fue: “Os he engañado, sí que creo que sigue habiendo izquierdas y derechas, claro que Podemos es de izquierdas, más de izquierdas que el propio PCE, pero teníamos que intentar ganar las elecciones, así que tuvimos que poner otra cara”.

Personalmente me hubiera gustado escucharlo durante la campaña, pero no cuando ya se tenía el resultado. No quiero interpretarlo más allá de mi sorpresa. Porque lo cierto es que antes, y en la rueda de prensa de la mañana siguiente, demuestra que hay una dirección en Podemos que sabe muy bien qué camino seguir, hacia dónde caminar. Y quiero pensar, eso sí, que sólo fue una bravuconada personal de la que pronto Pablo va a prescindir, una deuda pendiente con su pasado. Pero no se dio cuenta de que estaba en un acto de Podemos, celebrando un resultado electoral que había logrado con otro discurso completamente distinto.

El resultado electoral muestra la imagen de las dos Españas de siempre, aunque la izquierda sea ligeramente superior, sobre todo en votos, pero también en escaños. Ligeramente. Sólo que es tan suya (y tan discrepante, tan personal) esta izquierda de nuestros dolores…

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