Cierre inmediato de los CIEs

Jul
2016
06

Publicado por en Sociedad

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Hace unas pocas semanas me sacudió hasta el fondo la proyección del corto de ficción “Express” y del documental “Yerro, capitán de su destino” dirigido por Miguel Ángel Vázquez. Como a todos los presentes que estábamos en la sala Mirador, y seguro que como a todos los que tengan la oportunidad de ver esas dos obras. La primera es una idea de Carlos Olalla, que lo dirige junto a Juan Herreros y cuenta la historia verídica de un senegalés afincado en España con su mujer y sus hijos que perdió el permiso de residencia al quedarse en paro. Un día, dos policías llamaron a su puerta y le invitaron a personarse en comisaría para “un asunto de su interés”. Dos días después estaba volando hacia Senegal sin que su abogada pudiera hacer nada al respecto. El segundo recoge la experiencia vital de Alhague Yerro, el primer inmigrante en denunciar los centros de internamiento de extranjeros en el Parlamento Europeo, tras los 35 días que pasó en el CIE de Fuerteventura, una experiencia que define como “el castigo más duro” de su vida, habiendo llegado en cayuco a las islas. De aquel CIE fue enviado al CIE de Madrid y después a la calle ante la imposibilidad de expulsarle.

Nosotros, conmocionados por la rabia de saber mejor qué trato da nuestro país a los emigrantes sin papeles, conversamos un poco sobre esas cárceles oscuras e invisibles. Estaba presente el propio Yerro, así que el encuentro fue emocionante. Flotaba una duda en algunas intervenciones, la de si hay que cerrarlos o si se pueden modificar humanizándose.

Para mí, la respuesta es tajante: hay que cerrar inmediatamente los Centros de Internamiento de Extranjeros, esas cárceles donde se encierra a los emigrantes a la espera de ser deportados o para devolverlos a la calle sin papeles. Cárceles donde no reciben atención sanitaria, donde se les denigra, golpea y hasta tortura, según informes de quienes saben de esto, aunque una de sus características es que está prohibido todo acceso a su interior, ni siquiera cuentan con asistencia jurídica. Donde a veces mueren. Incluso el Ministerio de Interior ha tenido que reconocer, en alguna ocasión, que incumple la legalidad. ¡Vergonzoso!, ¿no?

Y tienen que cerrarse, en primer lugar, por dignidad, por respeto a los derechos humanos. Aunque eso tal vez podría conseguirse modificando el presente, poniendo la lupa en el trato y en las condiciones de vida de los presos, de esos “internos”, y teniendo la voluntad de arreglar lo que es imperdonable que suceda. Lo que ocurre es que hay una segunda razón, verdaderamente crucial.

No hacen falta esos lugares porque lo que hay que hacer es resolver las circunstancias administrativas de personas que están en España, o que entran en España, en circunstancia irregular. Porque lo que hay que tener en cuenta, por encima de todo, es que esas personas encerradas durante semanas y semanas, seguramente para, sin darles opción, devolverles a su país o a países cercanos al suyo, al cabo de ese tiempo, o sencillamente volverles a dejar indocumentados en la calle, es que no han cometido ningún delito, sólo una falta administrativa, al no tener los papeles en regla.

Y entonces lo que hay que hacer, así de sencillo, es resolver su legalidad, aligerando la burocracia y pensando en ellos como seres humanos que se merecen un trato digno.

Pero España grita a través de sus CIEs que esos putos negros no se merecen más que el ostracismo y el maltrato, el desprecio y la expulsión, la miseria y el abandono. Y eso no es que sea aberrante, es que no puede consentirse (como tantas otras injusticias más). ¿O sí, hasta cuándo?

Yo tengo memoria, salí a mis dieciocho años recién cumplidos como emigrante a Alemania, era el año 72. España tenía convenios con distintos países que facilitaban todas las gestiones, sabías a donde ibas, en qué condiciones, con toda la legalidad. Aunque también te engañaban, luego las condiciones no eran las pactadas, sino bastante peores, etc., pero todo llevaba un procedimiento legal, y era muy ventajoso para los que necesitábamos salir del país, por necesidad económica o política. Y eso es lo que había que hacer, que todo el mundo que lo necesite, por cuestiones económicas, que en su país pueda preparar el futuro en otro. Y a los que llegan huyendo de guerras y persecuciones, resolver su asilo. Inmediatamente, sin más dolor, sin más injusticia.

Lo contrario es el océano de cadáveres que vamos acumulando, con toda falta de sensibilidad por falta de las autoridades, españolas, europeas y de todos los países civilizados. Y el dolor y la tragedia en gentes que ya están aquí y que malviven, que sufren persecución, que se maltrata sin haber hecho nada malo.

En fin, este mundo no va bien, y este es sólo uno de los ejemplos.

Aquí puedes ver el corto de Carlos Olalla y Juan Herreros

 

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  1. Carmen Abenza lópez

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