El matón al que engañaban las mujeres, otra novela grande de Julián Ibáñez

May
2017
24

Publicado por en Arte y cultura, Libros

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Se le tiene como autor de culto de los aficionados al género negro, uno de los que lo consolidaron en España en los años 80, ha ganado premios tan importantes como el L’H Confidencial o el Novelpol Honorífico. Pero el gran mérito de Julián Ibáñez es seguir escribiendo tramas absorbentes, personajes finamente tallados, atmósferas tan crueles como ciertas, y eso desde que publicara en 1980 La triple dama. Es, en definitiva, al que se disfruta devorando sus historias, sus apasionantes novela negras. ¿No lo has leído todavía?

Todavía recuerdo cuando gocé con No des la espalda a la paloma, publicada en aquella colección fantástica del Círculo del Crimen, especie de libro-revista. Hasta ese momento sólo se habían sucedido allí grandes nombres como Ross MacDonald, Simenon, William Irish, James M. Cain, Ellery Queen, etc., Julián Ibáñez era el primer autor español que aparecía en esa lista. Era 1983, creo que su tercera novela.

Recuerdo la viveza de aquella historia desarrollada en un puerto que se supone que era Santander (sólo porque Ibáñez es de Santander, porque no daba ninguna pista, al menos para los que no somos de allí). A Ramón Ferreol, un buscavidas, le da trabajo de chupatintas un agente de aduanas que lo quiere en realidad para investigar a una hermosa mujer que se llama Delicias Obarra. De improviso Lillo se suicida, o eso dicen, y Ferreol continúa su investigación, ahora doble, por su cuenta. El protagonista en aquella historia se llamaba Ramón Ferreol, pero va a ser aproximadamente el mismo tipo de todas sus novelas, aunque con distinto nombre, un tipo con pocos escrúpulos pero algunos principios, que vive a salto de mata, que se mueve como pez en el agua por los bajos fondos, que son aquellos donde funciona el motor de las ciudades.

La historia me encantó, el ambiente me pareció preciso, me entregué al personaje, entrañablemente dibujado, y sobre todo me atrapó un lenguaje propio (que tengo subrayado en aquella histórica edición), con metáforas, símiles y comparaciones originales, curiosas, sorprendentes, callejeras recreadas. Todo lo que se fue afinando con las sucesivas novelas, que yo leía con voracidad en la editorial Júcar. Y luego con otros sellos.

Su última obra, El matón al que engañaban las mujeres, al igual que las anteriores, publicadas en la que ahora es su editorial, la colección Estrella negra de Cuadernos del Laberinto, siguen en aquella línea iniciada, con maestría, con un dominio absoluto de todos los ingredientes. No hay duda de que vuelve a ser una novela de Julián Ibáñez,

Ahora el protagonista es Bellón, al que ya conocemos de otros episodios, a quien una pelirroja le encarga protegerla de su propio marido, que termina asesinado. Él está en esa trama, pero al mismo tiempo, cuenta en otras que se van desarrollando paralelamente. Como confidente de una policía lesbiana a la que tratará de fortalecer frente a su jefe, vengando el maltrato a una puta conocida y cumpliendo los encargos que le dan de comer.

Pero el estilo es el de Julián Ibáñez, eso es lo que cuenta, que convierte sus novelas en apasionantes puñados de hojas donde disfrutar de la mejor novela policíaca. Trepidante, brutal pero también divertida, rica en expresiones que definen como nadie la realidad, el momento, los hechos. Es la calle.

Si hay una literatura popular, de la que antes se llamaba de kiosko, que merezca el título de literatura con letras de molde, esa es la de Julián Ibáñez. Unas novelas que se leen rápidas, como si se hubieran escrito de golpe, fácilmente digeribles, y sin embargo grandes. Y Julián Ibáñez tiene unos cuantos años, pero sigue fresco, vital, creador.

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