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Encuentro de jóvenes creadores en Toledo

Dentro del plan Movic de la Red Española de Albergues Juveniles (REAJ), se ha organizado en Toledo un encuentro de jóvenes creadores. Yo he dirigido el dedicado a la poesía y narrativa. Ha sido una experiencia espléndida de la que me gustaría trasmitir su significado.

Como creador, ahora comprendo que me hubiera ahorrado mucho de haber tenido la oportunidad de acudir a un taller literario, o a una semana de inmersión literaria como esta, en Toledo. La enseñanza reglada excluye, parece que por naturaleza, el fomento de la creación; es más, a veces lo que consigue es disuadir al joven de embarcarse en ella.

A crear es muy complicado enseñar, tiene que ser una entrega totalmente voluntaria, surgir de uno mismo, resultar suficientemente atractivo para empeñarse en su realización; pero es bastante fácil animar a ella, dar ciertas claves que uno tiene que tener presente para ir más rápido en el imperioso tiempo de práctica, de acumulación de experiencia.

Las instituciones han permitido que once jóvenes se pasen una semana gratis entre el Albergue-Castillo de San Servando y la Biblioteca de Castilla La Mancha en la última planta del Alcázar. Lo ha organizado la Consejería de Empleo y Juventud de la Comunidad de Castilla La Mancha.

Para comenzar les introduje en el terreno de la creación literaria, buscando la diferencia con cualquier otro tipo de escritura. Llegó Carmen Peire (autora de relatos, directora de un taller en la escuela de Clara Obligado, y editora) para marcarles el camino de la narración breve, del relato, con un ejercicio triple que incluía una experiencia sensorial. Alfons Cervera estuvo charlando con ellos un buen puñado de horas sobre su experiencia de escritor y su visión “periférica” del mundo editorial, deteniéndose en la sustancia de incorporar la memoria histórica a la literatura. Javier Baonza, filólogo, tallerista, poeta y editor, se ocupó del ámbito poético aliviando la preocupación que mayoritariamente generaba en los participantes, por su trascendencia. Cerré el proceso dando las claves para embarcarse en la aventura de escribir una novela, al haberlas conseguido sistematizar tras irlas descubriendo a través de mi experiencia.

Esos talleres en la sala mudéjar del castillo, y a ratos en las mesas del jardín, disfrutando simultáneamente de una vista maravillosa de Toledo, se completaron por las tardes con el descubrimiento de Urabayen, un autor navarro toledano que merece la pena recuperar; con la emoción y la ternura del relato existencial que nos hizo Inma Chacón sobre su conversión de profesora a escritora, en razón a la desaparición de Dulce, su hermana gemela. Alfons Cervera provechó su paso por Toledo para hacer una de las presentaciones que está haciendo estas semanas de su novela Las voces fugitivas, fruto de aunar las cinco obras que conforman el núcleo de su ciclo de la memoria histórica. Para disfrutar el último día con la poética vibrante de dos reconocidos autores castellanos: Paco Caro y Pedro Antonio González Moreno.

Impresión de Carmen Peire:

Llevamos dentro un creador.

Cuando suelo impartir un taller noto, al principio, la cara de susto de los participantes. ¿Taller de relato? ¿Me harán escribir? Y efectivamente, veo su mano agarrotada frente al boli, ellos no lo notan, yo sí,  y entonces ya sé por dónde empezar: les distraigo. Hago leer un decálogo gracioso, una bonita descripción de un personaje o les explico algo de los principios. Para romper el hielo,  doy una frase, y después voy aderezando con  pruebas.

Y ahí empieza la magia, una frase, una palabra, una pequeña instrucción y el silencio. Siento el rasgo sobre el papel, las cabezas gachas intentando dar lo mejor de sí, con preocupación, solo un principio, no escribáis más, y casi todos hacen un cuento, así, de sopetón, un micro o algo más extenso.  Ahí está, el conjuro de las palabras, entrar en otra dimensión, dar rienda suelta a lo que imaginas y poco a poco las caras cambian, como el otro día, en Toledo, en un aula con fantasmas musicales más allá. Y las ganas, sobre todo las ganas de escribir. Eso se nota enseguida. Y el amor a la literatura, la fascinación por el libro, por un autor, por aprender: ¿Cómo era eso del principio “ab ovo”? ¿Qué diferencia entre cuento y relato? ¿Pero esto que dice Bolaño sobre Cela va en broma, no?

A veces la magia no cuaja, pero el otro día sí cuajó. Y la cara de sorpresa de los que acabaron el relato y salieron con él, de las que opinaban que lo que habían escrito era una tontería y resultó ser un cuento muy bueno, de encontrar el sentido a la historia, de abrir compuertas y ser capaces. Lástima que me quedara con las ganas de leer dos cuentos, porque prometían, al menos por el principio que hicieron. Pero ya se sabe, las chicas, más audaces, los chicos, más prejuicios. Solo me queda deciros, aunque no me saqué la foto, que continuéis,  algunas lo lleváis dentro y se os nota, las que sólo fuisteis a probar, (también se nota)  continuad haciéndolo, aunque sea por hobby, porque es uno de los más bonitos que existen, y bien barato. Y si queréis, tenéis mi correo para pasarme, no solo ya ese cuento, sino todos los demás. El lazo está servido.

Finalizo con una frase, de una canción popular palestina (ya sabéis que durante años me dediqué a la música): Si no hay papel, escribiremos en las alas de los pájaros.

 

Impresiones de algunos de los participantes

Paola González:

He de decir que el contenido de este texto tal y como se nos ha requerido son meras “impresiones” y como tales, diré que son siempre subjetivas de la persona que las escribe.

La verdad es que me ha costado ponerme a escribir esto. Y es que este curso me ha dejado un cierto vacío. No es para marcarme el rollo, estoy segura de que no soy la única a la que le ha ocurrido eso. Y eso ocurre más bien poco, en contadas ocasiones. Siempre estamos deseando que llegue el momento de acabar, recibir el diploma y que llegue el período vacacional. Por supuesto que hay excepciones como esta.

Estamos acostumbrados a acudir a cursos en los que al final todo se acaba y se da todo por hecho y por finalizado. Sí, es cierto. En ocasiones surgen los llamados grupos de trabajo y se sigue quedando para conseguir “productos”. Es verdad, eso ocurre aunque a veces da la impresión de que lo que se pretende es la consecución de ciertos puntos o méritos. Para qué vamos a engañarnos, en realidad todos queremos algo, es cierto.

En mi opinión e impresión, en este encuentro se ha dado la continuidad desde el principio y no solo de forma protocolaria sino marcando las pautas y poniendo el empeño real para que eso suceda. Hemos tenido un ambiente excelente de trabajo y eso se consigue por parte de cada uno de los componentes del grupo: empezando por Claudín que ha sido un excelente guía y mediador de un grupo que ha respondido de la misma forma.

En un mundo cada vez más individualista es de agradecer que todos pongamos de nuestra parte para que ocurran este tipo de cosas. Comenzando por las instituciones, como bien agradecía Víctor en la entrada de su blog, y sobre todo gracias al equipo de profesores, escritores, guías que nos han ayudado a lo largo del curso.

Es un lujo que escritores, artistas compartan claves y estrategias con los más jóvenes que en cierto modo siguen sus pasos. Y sonará a utopía, pero creo que esta vez y con este intento se ha conseguido porque no solo me queda el certificado que recibimos sino también el buen recuerdo y la esperanza de que se repita otro Encuentro ya sea dentro o fuera del aula.

Karla Fernández Creo:

En primer lugar destacaré mi entusiasmo ante la realización de este tipo de actividades de fomento creativo, pues por desgracia en la actualidad no son abundantes y pienso que podrían ser más frecuentes teniendo en cuenta su bajo coste en comparación a su valor de aprendizaje, y por darme la oportunidad de participar en una de ellas.

Creo que todos los participantes aprendimos mucho tanto de los ejercicios realizados con las diferentes personalidades que participaron como de las conferencias a las que asistimos, aunque quizás el abarque de tantas actividades no nos diera lugar a escribir tanto como me hubiera gustado.

Victor Claudín, el cual nos mostró siempre su cercanía y familiaridad supo elegir muy bien con quien desarrollar este proyecto, entre los que destacaré el entusiasmo de Carmen Peire,  la increíble facilidad de palabra de Alfons Cervera, la sensibilidad de Javier Baonza y la emotividad de Inma Chacón.

El albergue situado en un castillo en una ciudad tan medieval como Toledo sirvió para contextualizar el encuentro y crear un ambiente muy artístico y distendido.

Señalaré también la exquisita y copiosa comida casera con la que nos atendieron todo el tiempo.

Espero que surja de este encuentro un grupo abierto a proseguir creando conjuntamente y que este sirva como impulso para otro tipo de actividades futuras.

Andrés J. Ortega Martínez

Llegar a un castillo situado frente a Toledo, que tiene probablemente  las mejores vistas de la ciudad imperial, y con la idea de que allí vas a conocer a otros creadores con inquietudes parecidas a las tuyas, fue sin duda un acontecimiento que siempre recordaré. Y si no confían en mi palabra vean la foto de grupo que nos hicimos con Alfons Cervera desde la parte trasera del albergue y con Toledo de fondo, así ya no habrá nada más que explicar.

Las expectativas se cumplieron entre otros motivos por: la calidad de los ponentes que impartieron los talleres; el alojamiento y sus instalaciones; y sobre todo, por la oportunidad de formarnos que hemos tenido en un terreno que no suele aparecer en las enseñanzas regladas, y por tanto, que suele quedar algo inaccesible para la gran mayoría.

Mención espacial quisiera hacer al coordinador Victor Claudín por su profesionalidad y por estar a la altura de nuestras expectativas. Mi agradecimiento también para quienes colaboraron para que este proyecto pudiera salir adelante. Ojalá y no sea el último, ojalá y otros tengan la oportunidad que hemos tenido unos privilegiados, de estar en ese enclave, con esos maestros, haciendo algo que no debería dejar de hacerse nunca: aprender.

Diego Rodríguez Sánchez:

El profesor que impartió este encuentro, Victor Claudín, con su técnica consiguió un curso redondo, gracias a sus clases en las que impulsaba y ejercitaba la capacidad de creación literaria de los alumnos con ejercicios, basados en músicas que ayudaban a los jóvenes a escribir. Le pondría un 10.

También decir la gran labor de la Biblioteca, el Albergue de San Servando y sus trabajadores, y a todos los responsables de este encuentro, decirles muchas gracias por esta impresionante oportunidad

Los ponentes que vinieron al curso (Carmen Peire, Alfons Cervera y Javier Baonza) aparte de ser escritores de excelente calidad, ayudaron de manera notoria a los alumnos con ejercicios y temáticas muy interesantes, o para mí lo fue, para conseguir una mayor integración, y también facilidad para el alumno para conseguir sacar sus ideas y corregir desde “el buen rollo”, si se me permite la expresión.

Una de las cosas que querría señalar es la gran labor de cohesión y la formación de un grupo, no solo de alumnos, si no también de profesores, que consiguió Victor Claudín.

No veo otro profesor mejor, ni iniciativa mejor para el fomento de la lectura que en la que he estado en el Castillo de San Servando, le pido humildemente a los responsables de estos encuentros que por favor vuelvan a hacer esta actividad en el próximo año, contando como profesor con Victor Claudín.

María Teresa Pereiro:

El sonido de unos pasos sobre las piedras, el color que el sol dibuja sobre las paredes
centenarias, el tiempo que vive atrapado entre las calles y se vuelve guardián de sonrisas
y miradas de personas, también nuestras, desde que el mundo aún no era tal. Toledo ha
sido un personaje más de esta historia que en siete días construimos un puñado de
desconocidos, y la historia nunca hubiera sido igual sin este personaje.

Vivir estos días con vosotros, degustando cada momento, sintiéndome privilegiada por
formar parte de esta experiencia que sólo nosotros sabremos tan especial, ha sido algo
irrepetible, que me ha insuflado ganas, ha llenado aún si cabe con más pájaros mi
cabeza y me ha vuelto más testaruda en perseguir lo que quiero: escribir.

Gracias por Carmen Peire, que nos regaló su franqueza y valiosos consejos, poniéndolos
donde deben estar, donde dañan el ego a la vez que construyen una mejor historia.
Gracias por Alfons Cervera, todo afecto y cercanía, por poner su sabiduría y sinceridad
al servicio de unos principiantes que, gracias en parte a él, hoy son un poco menos
inexpertos.

Gracias por Javier Baonza, por compartir sus impresiones y conocimientos con nosotros
y por enseñarme por qué merece la pena leer poesía. Y perdón por su repetido secuestro
y reiterados cambios en el curso de sus exposiciones. Nosotros tampoco somos
perfectos.

Y gracias, sobre todo, a Víctor, por llevarnos de la mano en este proyecto tan bonito,
por ayudarnos a ser realistas sin quitarnos la ilusión, por darnos herramientas con las
que empezar a construir un camino hacia los lugares donde queremos llegar y por hacer
todo esto con un cariño y complicidad que llevaré siempre conmigo.

Sólo me queda pedir que esto se repita, que volvamos a San Servando todos los que
queramos, y más, y que podamos vivir al menos la mitad de lo que hemos vivido esta
última semana. Ampliar el límite de edad sería indispensable, por egoísmo y porque hay
lecciones que sólo se pueden aprender cuando las hormonas y las borracheras ya no son
el timón de tu vida. Y que se repita con más lectura, más escritura, y tal vez menos
conferencias de temas que no nos aportan tanto como un par de horas delante de un
texto, pensando, como diría Kafka, en dónde poner una coma.

Espero que nos volvamos a encontrar una y muchas veces más; el camino es arduo, pero
siempre hay quien llena de aire tus pulmones y te ofrece una sonrisa. Todos vosotros
habéis sido eso en un momento en que me ahogaba; espero algún día poder serlo
también para vosotros.

Carmen Álvarez Hernández:

Todos los caminos llevan a Toledo. Y allí nos encontramos nueve maletas ilusionadas venidas de varios puntos del España: de Vigo a Málaga y Sevilla con parada en Salamanca, Madrid, Albacete, Granada y el mismo Toledo.

No es fácil encontrar iniciativas semejantes a la dirigida por Víctor Claudín, en las que los menos experimentados podamos cargarnos de letras y energía creativa. Bajo el título de “Encuentro de Jóvenes Creadores”, los asistentes pudimos disfrutar y beneficiarnos de seis completos días de inmersión narrativa y poética, acompañados y tutorizados (que no “dirigidos”, en el sentido autoritario de la palabra) por cuatro prodigiosos guías: la escritora y editora Carmen Peire; el escritor y periodista Alfons Cervera; Javier Baonza, filólogo, poeta y editor; y el mismo Víctor Claudín, periodista y escritor. Con su buen hacer y amor al arte lingüístico y literario, todos y cada uno de ellos se esforzaron en inocularnos conocimientos y recursos para que las nueve esponjas que les escuchábamos pudiéramos desarrollar nuestra capacidad creadora entonces y en el futuro.

A través de sesiones alternativas en las que nos ejercitamos en base a ejercicios prácticos (incorporando en algunos de ellos, incluso, música o experiencias de percepción sensorial) e intercambios cognoscibles, conocimos nuevas y básicas referencias literarias -clásicas y actuales- y aprendimos recursos para evolucionar a una mayor eficiencia y eficacia literaria. También desmitificamos la figura inexpugnable y literariamente ficticia del genio escritor y su tarea, entendiéndola como un oficio. Con ello, pudimos llegar a ejercitarnos y vislumbrarnos como futuros humildes trabajadores de la palabra, admitiendo que, para ello, debemos refugiarnos en el esfuerzo, el trabajo, la autocrítica y, ante todo, el amor por el oficio. También hubo tiempo de disfrutar de actividades paralelas y complementarias en la artística e histórica ciudad manchega.

El resultado del Encuentro no pudo ser más fascinante: entusiasmo recíproco, un saco de recursos y referencias en las que indagar, trabajo compartido y futuras colaboraciones, y un concepto que se repitió todos y cada uno de los días en los que el Castillo de San Servando nos albergó: escribir es reescribir. Es borrar y seguir escribiendo. Es nunca dejar de escribir.

Nunca dejar de escribir.

Marta Rodríguez Manzano:

Jamás hubiera pensado que una estancia de una semana en Toledo cambiaría mi visión y relación con el mundo de la escritura. Desde niña siempre he tenido un vínculo muy especial con los libros. Aún recuerdo que de pequeña esperaba con gran emoción  a que anocheciese para que mi madre viniera a mi cama y me contara las misteriosas historias que encerraban los libros que decoraban las estanterías de mi habitación. Con el paso del tiempo, esta pasión por la lectura perduró y se consolidó, incluso marcando mi futuro profesional, ya que decidí realizar la carrera universitaria de Filología Hispánica. Con toda esta andadura, no era de extrañar que, con el paso de los años, me haya convertido en una vivaz y entusiasta lectora.

Por el contrario, mi vínculo con la escritura fue muy distinto. Aquellos momentos en los que reunía el valor suficiente, respiraba profundo y me sentaba a escribir eran una auténtica tortura. Miedos, desconfianza, pesimismo, vergüenza…. Todos esos males se concentraban a mi alrededor y me hacían pensar que aquello no serviría para nada, que estaba perdiendo el tiempo y que jamás conseguiría escribir algo que mereciese la pena. Este temor hacia el acto de la escritura me ha acompañado durante toda mi vida y me ha impedido plasmar sobre el papel todas las experiencias y emociones que vivía y sentía. Sin embargo, debo destacar que, gracias al Encuentro de Jóvenes Creadores que he tenido el placer de poder disfrutar, he conocido a maravillosas personas que me han sabido transmitir una visión positiva y esperanzadora del acto de la escritura.

En esa semana que duró el encuentro, he podido aprender de grandes profesionales de la talla de Víctor Claudín, Carmen Peire, Alfons Cervera…, convivir con un grupo fantástico de amigos y compartir con ellos lecturas, textos, y, sobre todo, muchas risas y momentos inolvidables. Recorrer las calles de Toledo, visitas al Alcázar y a la biblioteca, charlas, comidas en el castillo… Durante nuestra estancia nuestras únicas preocupaciones eran anotar todos los consejos que nos ofrecían, escribir dando siempre lo mejor de nosotros mismos y leer. Leer a Cortázar, a Borges, a Kafka, entre muchos otros.

¿Qué más puedo decir de una de las experiencias más bonitas y enriquecedoras que he tenido el privilegio de vivir? Ahora, mientras escribo esta reflexión, debo admitir que todo lo recuerdo con gran tristeza por haber acabado y con mucha nostalgia. Lo único que espero es que nos podamos volver a encontrarnos algún día y seguir manteniendo el contacto  con el grupo, ya sea a través de las redes sociales o de los mensajes por teléfono.

Para finalizar, considero que este tipo de iniciativas deben continuar realizándose, ya que dan la oportunidad a varios jóvenes procedentes de distintas regiones a conocer y reflexionar sobre multitud de aspectos, debatir e intercambiar opiniones, enriquecerse culturalmente, etc…  lo que  les ayudará a llegar a ser mejores, tanto a nivel personal como profesional.

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