Ícaro, de Deon Meyer, policíaco de libro

Ago
2017
02

Publicado por en Arte y cultura, Libros

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Deon Meyer es un escritor sudafricano de novela policíaca, un afrikáner, que sobre todo ha trabajado de periodista. Autor de una quincena de obras en las dos últimas décadas. Salamandra acaba de publicar Ícaro, el quinto tomo de la serie del capitán Benny Griessel, de los que sólo los dos primeros se habían traducido, y agotado, en España: El pico del diablo y Trece horas. Es precisamente su detective quien ha convertido a Deon Meyer en un escritor prestigioso.

Accidentalmente, queda al descubierto un cuerpo enterrado en un suburbio de Ciudad del Cabo. Ése es el principio de todo. Resulta que Ernst Richter era el controvertido fundador de Alibi.co.za, una empresa online dedicada facilitar coartadas a personas adúlteras, dicho de otra manera que inventa coartadas para que sus clientes puedan cometer impunemente traiciones sentimentales. Un tipo que llevaba desaparecido varias semanas, pero que su muerte se descubre más reciente.

Deon Meyer nos entrega una descripción meticulosa de la investigación, siguiendo metódicamente el proceso policial. También, casi desde el principio, se prepara la defensa de uno de los personajes, contando su historia familiar, que tiene mucho que ver con la del país. Ese relato, de un viticultor, es la excusa para describir el contexto de la Sudáfrica posterior al aparheit. Un personaje del que el autor nos mantiene sin explicaciones sobre su posible relación con el asesinato, aunque lo que si se desvela es que ha cometido otros delitos.

Trama muy bien trenzada, muy atractiva. Pero sobre todo, novela de personajes, de unos cuantos que parecen secundarios, pero que en realidad componen una obra coral. Aunque por encima de todos, está  Benny Griessel.

Benny Griessel, 43 años, blanco, bajito, rostro eslavo, pelo rizado y algo desastrado, ojos tiernos, es inspector detective en Ciudad del Cabo, en la Unidad de Crímenes Graves y Violentos, en Bishop Lavis. Su jefe es Matt Joubert, con el que ha trabajado 14 años. Griessel es originario de un suburbio del norte de la ciudad. Lleva 26 años en la policía. No es de los que se toman la justicia por su mano, ha resuelto muchos más casos que otros. Es un buen policía porque tiene instinto de cazador y porque tiene suficiente empatía como para comprender a los demás, para entender cualquier comportamiento criminal.

Está casado con Anna desde hace 17 años y tiene dos hijos. Le gusta el rock clásico, en su juventud tocaba el bajo.

Es un hombre marcado por el miedo desde que comenzó a reconstruir los últimos instantes de las víctimas, sus últimos gritos. Tal vez sea lo que le ha conducido al alcoholismo, que es su caracterización definitiva.

En El pico del Diablo la mujer de Griessel le echa de casa, precisamente por su enfermedad por la bebida, y, en consecuencia, por el maltrato físico y psicológico al que somete a su familia. Ahora, en Ícaro, sobreviviendo solo, mantiene ese duelo mortal con el alcohol. Que le vence, que le hace perder los papeles. Al que parece dominar por momentos. Una lucha que no termina de resolverse. Crucial para entenderlo todo.

El final no es lo que se podía ir suponiendo, y que te sorprenda el autor siempre se agradece, pero tal vez aquí un tanto rebuscado. De todos modos, al llegar al final, quedas satisfecho de la lectura. De la lectura de Ícaro, título recuperado de aquel mito que conviene tener en cuenta: Ícaro, hijo de Dédalo, el arquitecto constructor del Laberinto de Creta, isla donde el rey Minos los tiene retenidos. Para poder escapar a Dédalo se le ocurre fabricar unas alas. Como las hace con cera, aconseja a su hijo que no vuele demasiado alto, porque el sol las puede derretir. Ambos echan el vuelo y cruzan varias islas griegas, pero Ícaro termina olvidándose de la recomendación paterna y sube, y sube, hasta que el calor funde las alas y cae, en una tierra que posteriormente recibirá su nombre.

Una bonita fábula sobre la ambición sin medida, que siempre conduce al abismo. En la novela hay algún ejemplo clarificador.

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