La mirada interior de Raquel y Charlie

Jul
2015
08

Publicado por en Arte y cultura

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Nos cuentan por escrito, antes de asistir a la representación de “La mirada interior”, que desde 1920 en que se fundó el Lennox Mental Hospital en Nueva York, hasta 1994, año en que fue clausurado, pasaron por sus habitaciones más de 3.200 mujeres. Los tratamientos más usados para la enfermedad mental eran electroshock, terapia del coma de insulina, lobotomías y otras vejaciones y torturas. Uno de los muchos establecimientos de ese tipo repartidos por la toda la geografía mundial hasta hace bien poco, y cuyo estilo aún se maneja en demasiados actualmente. En el escenario, Raquel Arigita nos traslada espléndidamente a aquel dolor, tan eterno, a través de un texto impecable de Charlie Levi Leroy.

“Loco no es el que pierde la razón… sino el que pierde todo menos la razón.”

Eso es lo que vamos sintiendo con Raquel delante. No lo aprendemos, porque probablemente ya esté en nuestro balance intelectual, sin embargo su desesperanza nos supura hasta arrancarnos las lágrimas, descorazonándonos por una realidad que, sin precisar el referente histórico, nos rodea. Lo reconocemos, en lo que también nos afecta.

Raquel lleva el pelo recogido, ahora se lo suelta echándoselo por delante de la cara, más tarde se muerde la bata de enferma, de prisionera, o sencillamente se da la vuelta con un gesto revirado, porque con mínimas modificaciones externas cambia de víctima, de personaje. Así hasta un total de ocho casos, ocho mujeres que fueron habitando la habitación 513, una tras otra. Ocho historias que recrea con algunos datos, hacen falta pocos: siempre vienen de la violencia para concluir en otra manera más sofisticada de la misma raíz, hasta sentirse ya fuera de la vida, un puro despojo que a nadie importa. Desde su condición de mujeres, queriendo ser felices con pocas cosas, pero sustanciales.

El comienzo casi nos lo dice todo: la mujer, Raquel, está bajo la sábana, acurrucada en el camastro, tapada por entero, escondida para aislarse del mundo cruel que la ha maltratado, que la ha violado, que la ha dañado, y que ahí lo sigue haciendo, ya legalmente, en esa celda de algo más de dos por dos de inmaculado blanco. Espectacular la puesta en escena, por una sencillez que lo explica todo, que todo lo contiene.

Raquel nos cuenta, o pudiera ser Charlie, que la salida a la violencia, tal vez también a la locura, a lo que quienes mandan consideran enajenación, es la interpretación, el salir de uno mismo, es teatro. Monólogo desquiciado. Es la resolución. Sobre el escenario se profesionaliza la psicosis y la esquizofrenia. En él la actriz, el actor, son todo lo que pueden llegar a ser, y así nos lo enseña Raquel, magistralmente, encogiéndonos el corazón. Y así terminamos ese viaje por el sufrimiento de alrededor de una hora que nos abandona en la calle, conmocionados.

Actualmente puedes gozar con intensidad de este monólogo en ese espacio tan especial que es La Escalera de Jacob. http://www.atrapalo.com/entradas/la-mirada-interior_e289339/

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