Amigo Labordeta

Editado por el Ebro Económico. Zaragoza, 2015.
De varios autores, esta fue mi colaboración en el libro, con todo el cariño hacia una persona que sigo queriendo y querré siempre.

Para Labordeta
No me acuerdo de la primera vez, pero ahora no importa. Lo que sé es cómo se me quedó el cuerpo y el espíritu impregnados de la emoción de tus canciones. Ese sabor de alegre victoria por tener convicciones compartidas. Era el camino, el regocijo, el gritar las verdades sin subterfugios, y venían de ti. Canciones auténticas que había que aprendérselas para llevarlas siempre en la mochila. Y siempre nos han acompañado.
La tierra a la que cantabas era la tierra de todos. Sus dolores, los nuestros. La lucha de sus gentes era nuestra lucha.
Luego vino descubrir una ética, la de los grandes hombres generosos.
En mis antepasados aragoneses pudo residir una de las razones de sentirme atraído por tu quehacer poético y musical, por el espectáculo de tu mensaje y tu personalidad. Pero sé que hubiera dado igual cualquier origen geográfico, porque representabas, y representas, la reciedumbre de un verbo sin mentiras ni excusas, y de una senda limpia que hay que recorrer con la firmeza de una cabeza bien alta.
En todo dejaste la impronta de un hombre de convicciones profundas, en las clases según cuentan, en la televisión, sobre el escenario. Hasta en el Congreso, ese lugar donde tú si nos representabas a tantos y tantos.
Labordeta, José Antonio, un himno al futuro en libertad, al sentido humano de nuestro mundo, a la tierra, a la multitud de personas que aman y que son, que quieren ser. Cuando a veces echamos la vista atrás y te recordamos en la lejanía presente de los que nunca se van del todo, nos reconforta, al menos, saber que seguimos caminando en el amplio surco que tú le hiciste a la Historia. Gracias de por vida.

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