Pablo Iglesias y la libertad de prensa

Abr
2016
23

Publicado por en Sociedad

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Pablo Iglesias ha vuelto a meter la pata. Da la impresión de necesitar madurar. Meterse con un periodista de El Mundo acusándole personalmente de dar determinadas informaciones para medrar, es aberrante. Por dos razones, porque no tiene razón, porque eso no se hace y sobre todo porque despista del verdadero debate sobre los medios de comunicación que es imprescindible aclarar a todo el mundo.

Las imprecaciones de Pablo a un periodista nada tienen que ver con el hecho de que la información de los diferentes medios tiene que ver (está influida, está marcada, está vigilada, etc.) con la propiedad de los mismos, que es quien elige a sus direcciones y la que establece la política editorial. Ya lo conocemos de antiguo, hay muchos ejemplos flagrantes, pero uno de ellos ha sido la deriva derechista de El País, periódico independiente en su nacimiento, hasta que pasó a manos de un consorcio de grandes empresas y bancos extranjeros, etc.

Pero hay algo más. La crisis se ha cargado una buena parte de la profesión, creando un ejército de parados con bagajes excelentes, tirando los sueldos salvo para las grandes firmas y sólo en ciertas empresas. Eso convierte cada puesto de trabajo en extremadamente precario. Y hay que apechugar, como se está haciendo en todas las demás profesiones y sectores. Eso hay que tenerlo en cuenta.

Entonces va muy suelto él, Pablo, chulito como es, y regala claros motivos para inflarle a hostias mediáticas (y con él a Podemos, que es lo grave) y establecer que esa organización del cambio está contra la libertad de prensa. Sí, toda la derecha mediática, que ocupa la gran mayoría de los medios, incluso la que no lo es tanto, echan el grito en el cielo defendiendo la libertad de la prensa, la libertad de exspresión, a propósito del incidente.

Yo me acuerdo cuando España sólo tenía los dos canales cuya propiedad ostentaba el estado, y estaban a punto de instalarse en el país las televisiones privadas. Se defendía la oportunidad como el destape de la libertad, eso permitiría que fuéramos, por fin, personas cultas, educadas y libres. Y hay quien nos mostrábamos remisos porque veíamos que las televisiones iban a venir de los distintos sectores económicamente poderosos, es decir, que todas iban a traer el mismo mensaje: reaccionario y retrógrado, estrictamente comercial. Bueno, no hay más que ver lo que ha sucedido, mucho más grave que cualquier predicción temerosa. Y ya no se han vuelto a hacer programas con la calidad y la libertad de los de entonces, en ningún sitio. Ni siquiera cuando nos lo parece, como en la Sexta. Es lo mismo que la cadena SER, a quien convence de que es independiente y libre, pero las voces que suenan se detienen en las fuerzas parlamentarios, y si alguna voz suena, por ejemplo, trasmitiendo un pensamiento libertario, es que se han vuelto locos y van a tener que corregir rápidamente. Hay muchas cosas de las que no se puede hablar en la SER o en la Sexta. Aunque afortunadamente hay espacios mejores que otros, eso no se puede discutir. Y una realidad que cada vez cuesta más ocultar o tergiversar para adecuarla al mensaje correcto.

Lo grito: Los que atacan a Pablo Iglesias defendiendo la libertad, sólo defienden la libertad de los mercados, la libertad de los que tienen el poder, nunca la libertad democrática e igualitaria del acceso a la información y del derecho a informar. Además de que nadie parece tener en cuenta (desde luego esos voceros del poder no, porque no les cabe en su conservadurismo recalcitrante) que la libertad de expresión, si es de lo que finalmente hablamos, está sumamente restringida en este país, porque no sólo la ejercen los grandes medios, sino que se debiera poder ejercerse con toda naturalidad en las calles, en las redes. Y para impedirlo no hacen sino seguir sacando leyes restrictivas porque aquí sólo tiene que caber el pensamiento monolítico del poder.

Y ese es el debate, y no el que ha manejado Pablo Iglesias, metiéndose con un periodista concreto del que ni conoce sus condiciones específicas. ¡Qué mal lo hace! A mí desde luego no me representa.

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  1. Alena Collar

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