Por la paz que no busca el gobierno

May
2015
30

Publicado por en Sociedad

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La parroquia de San Carlos Borromeo ha organizado el II Encuentro por la Paz y la Convivencia en Euskal Herria. Lo ha terminado haciendo en el auditorio Marcelino Camacho de CCOO porque habiendo aceptado inicialmente el Congreso de los Diputados que se hiciera en la sala Ernest Lluch, la presión de algunas víctimas consiguió impedir su celebración en la sede de la soberanía popular, volviendo a demostrar que la tienen secuestrada. Algunas víctimas siguen mandando en la agenda del gobierno en este asunto tan crucial.

Estuvimos sin atrevernos a respirar, en un ambiente sobrecogedor, emocionante, ya desde el principio cuando intervino Lucía, la nieta de Carrero Blanco, terminando su intervención con estas palabras: “creo en el diálogo como herramienta indispensable para la paz. Y que creo en la paz como herramienta indispensable para la vida. Y que me repugna y entristece que la siniestra sombra del terrorismo, ahora que por fin es sólo eso, una sombra, se intente mantener viva para seguir enfrentando a los pueblos o para tratar de ganar unas elecciones. Una victoria basada en el miedo nunca es una victoria. Al igual que una derrota basada en el diálogo tampoco es una derrota. Únicamente es… una cuestión de tiempo. Como confío en que lo sea la tan ansiada y necesaria paz”.

Sobrecogedora presencia de Amedo que al final del acto dijo “que reniega y renuncia a su pasado” y que a nivel personal va a seguir apoyando estos encuentros para avanzar en el camino de la reconciliación, del ex preso de ETA, Joxean Fernández, del ex alcalde del PSOE Odón Elorza, que fue la única voz discordante al establecer un discurso viejo, de partido, y sobre todo de partido tradicional que no sabe superar su mezquindad, con todo lo que tiene que explicar el PSOE, al igual que el PP. Podéis escuchar la cadena SER  en un reportaje fantástico de Ángels Barceló, presente en el acto y moderadora de la mesa redonda con Rosa Rodero, la viuda del sargento de la Ertzanitza Joseba Goikoetxea, asesinado por ETA, Axun Lasa, la hermana de Joxean Lasa y Carmen Galdeano, hija de director del diario Eguin, asesinados ambos por los GAL; también se leyó una carta de Rosa, la hija de Ernest Lluch que finalmente no pudo asistir.

De repente fueron las 14 y allí se acababa el acto, asombrados por lo vivido, tal vez con ganas de haber dicho lo que ahora reflexiono, aunque salía de allí con el corazón encogido, con nuevos motivos para revisar mi propia visión de la esencia del ser humano.

Estos actos, que al parecer, y afortunadamente, son habituales en colegios y parroquias de Euskadi, se hacen en clave individual, son historias que asemejan los diferentes dolores, las distintas tragedias. Son la aportación de unas víctimas al imprescindible final del proceso de paz al que el gobierno se niega a dar la carta de naturaleza que porecisa, a aprovechar, a afianzar. Y no lo puede hacer porque no hay equidistancia, puede ser que tuvieran asumir que no pueden seguir imponiendo su visión de la historia desde su perspectiva de vencedores y únicas víctimas.

Lo mencionó una de las mujeres que intervino desde el público recordando que la guerra civil fue un levantamiento militar. Efectivamente. Un gobierno legítimamente elegido por el pueblo resultó violentado por la ambición de un grupo de mandos del Ejército comandados por Franco. La ilegalidad se impuso merced a la sangre y el terror, y desde ahí hay que entender el proceso histórico que nos trae hasta aquí con un Partido Popular que todavía no ha condenado aquel régimen dictatorial.

Para entender el presente hay que conocer el pasado, asumir el origen. Un presente en el que el pensamiento único impuesto por los vencedores y aliados ha emborronado aquel pasado. ETA ha ido siendo solo una banda de delincuentes asesinos, pero nadie se acuerda de que no siempre fue así.

Yo no voy a ocultar mi historia. En el año 70, con 16 años, entré a militar en las juventudes comunistas a raíz de lo que mi conciencia ya me dictaba, formando parte de lo que se dio en llamar la generación del Proceso de Burgos. En aquel año, y en los siguientes, creció la simpatía por la lucha de ETA en toda la militancia antifranquista. Era inevitable una ikurriña en nuestras casas, recuerdo aquella grabación en cassette que nos pasábamos de unas manos a otras con una de las sesiones del juicio que acababa con los presentes gritando goras a Euskadi libre y entonando el Eusko gudariak, el himno del guerrillero vasco, con voces que se fundían con el himno musicado.

Y lo recuerdo porque parece que no hay nadie que ahora lo quiera hacer, tengo la sensación de que se ha querido negar sistemáticamente aquel tiempo, como cuando Stalin eliminaba de las fotografías de la Historia la presencia de Trotsky. En razón a la condena sin paliativos que se buscaba para ETA, y que , por otro lado, se había vuelto indispensable.

Porque ETA era una organización que también peleaba en el País Vasco contra la dictadura, y que lo hiciera usando la violencia no disminuía la simpatía que se le tenía. Entre toda la oposición antifranquista de izquierdas, repito. De hecho, actos como los atentados de la calle Correo o contra Carrero Blanco, cosecharon ese sentimiento de aprobación casi unánime.

Luego fue cuando ETA comenzó a matar indiscriminadamente, y siguió matando ya en democracia, sin acondicionar su acción a la nueva situación del país. Y la simpatía comenzó a flaquear, hasta desaparecer, incluso a volverse vertiginosamente en su contra. Según mi perspectiva, con toda la razón.

Pero eso ¿qué quiere decir? Que no cabe duda que la lucha de ETA tuvo como origen un combate justo por la libertad, que luego se pudo seguir justificando, aunque en ámbitos cada vez más reducidos, en razón al permanente estado de excepción que se vivía en Euskadi, padeciendo una represión diferente a la del resto del estado, con los cotidianos controles policiales, con la sangrienta fama del cuartel de Intxaurrondo sin aclarar, con el injusto trato a los presos, con la permanencia del mismo mando de los cuerpos policiales en democracia que los había gobernado en el franquismo (al igual que en el resto de España, lo que allí era más cruel), etc.

Esa historia no se puede pasar por alto.

Pero mucho más grave es que este gobierno del Partido Popular parezca seguir queriendo la supervivencia de ETA para sus intereses electorales, que se siga sirviendo de una ETA que ya no existe, como arma arrojadiza cuando le conviene contra quien le interesa.

Frente a esa cerrazón, experiencias como la de la parroquia San Carlos Borromeo, o de Carlos Olalla, que acogen en Madrid lo que en Euskal Herria ya no es novedad, es altamente gratificante y merecen todo mi aplauso y el de muchos que bucean también para encontrar verdades y lograr paces.

(Si te parece, busca mi novela Vis a vis ambientada en el año 83, cuando el nacimiento de los GAL, de la que no se ha podido hablar en los medios porque ETA es un tema que no vende, porque es un tema prohibido por lo extremadamente peligroso).

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