Se estrena Clash, una foto del horror en el Egipto pos revolucionario

Jun
2017
04

Publicado por en Arte y cultura

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Sí, es la foto de un país árabe en un momento de conflicto, de estallido social. Pero puede ser cualquier otro país, demasiados otros momentos, y permite preguntarnos algo del estilo de: ¿cómo puede ocurrir algo así? O: ¿qué le pasa a esta sociedad? Porque dramas de todas las características individuales y colectivos, originados por todo tipo de desgraciado poder, son habituales. Clash (Choque) es una película que cuenta un episodio del Egipto de 2013.

La película de Mohamed Diab está basada en hechos reales, y la cinta transcurre íntegramente en un furgón policial con dos periodistas, varios Hermanos Musulmanes y otro grupo de manifestantes adictos al golpe de estado militar recién instaurado. Un momento de enfrentamientos sangrientos.

Recordemos: Dentro del estallido popular que se ha dado en llamar la primavera árabe, de la revolución popular que en el 2011 derrocó al presidente egipcio Hosni Mubarack que había gobernado tiránicamente Egipto durante 30 años. Se convocan unas elecciones libres y triunfa el partido Justicia y Libertad, fundado por los Hermanos Musulmanes, con Mohamed Morsi a la cabeza. Los problemas económicos crecen en la sociedad egipcia, una de las excusas, o argumentos, para que el ejército dé un golpe de estado tras varios días de tremendas manifestaciones contra el régimen de Morsi, un ejército recibido con salvas por los manifestantes anti Morsi y anti Hermanos Musulmanes. Luego… pero la historia está al alcance de cualquiera, y la realidad es que aquel país no termina de encontrar un camino de serenidad y justicia.

Lo que nos importa es que antes, y sobre todo después del golpe, se produjeron brutales enfrentamientos entre manifestantes y policías, y la película narra cómo se van encontrando en el interior de un furgón policial manifestantes arrestados con convicciones políticas y religiosas distintas, y las vicisitudes que pasa el vehículo policial durante muchas horas de tremendo drama. Es precisamente a través de sus ventanucos con barrotes cómo vemos un país roto, un exterior militarizado, envuelto en manifestaciones violentas, la existencia de francotiradores, una policía brutal, sorda.

En su interior, la humanidad pelea contra el fanatismo. Cuando una mujer no tiene más remedio que orinar, todos los hombres al unísono se vuelven para respetar su intimidad, hay que salvar a las dos mujeres y al niño, sacarlos de ahí. Pero los encontronazos regresan, hay demasiado odio metido en sus cabezas. Recalentadas por discursos interesados, por profesiones de fe amañadas, por políticos sin escrúpulos, como en ese rato lo están por el calor agobiante, por los gases lacrimógenos, por el miedo.

Se termina por no saber dónde se está, quién te pega ni porqué, ¿para qué? El espectador necesita alivio, cierto amago de una esperanza marchita en que las cosas tienen que cambiar, como los personajes de ese ataúd con ruedas necesitan respirar por turnos apretados a los ventanucos, conseguir unas gotas de agua, evitar el chorro de agua policial, saber que van a salir. Pero tal vez al final del viaje los espera una turbamulta compuesta de gentes como ellos, armados con odio al diferente, al que le dicen que tiene que vencer. Porque todo son voces que llegan desde arriba, que crean confusión, que alimentan mentiras y falacias. Y la religión, una religión, u otra, manejadas para el sometimiento, para la imposición de ciertos intereses que nunca llegamos comprender del todo. Lo que sí sabemos es que alguien resulta herido a nuestro lado, o muerto, o encerrado sin derechos, como sabemos del drama cotidiano de tantas familias a nuestro alrededor.

Como espectador quiero ver que las diferencias se borran frente a la barbarie, pero puede que sólo haya algún amago de que eso suceda, o más si se cree que la reconciliación es posible, que distinguir al verdadero enemigo se puede conseguir colectivamente, ¿quién sabe?

A Mohamed Diab lo conocemos aquí por su película El Cairo 678, sobre le violencia contra las mujeres, es decir, que ya tiene recorrido de cine comprometido. Clash ha obtenido el galardón Sociograph Award 2016 a la película más impactante, abrió el Festival de Derechos Humanos de Donostia y también en el Seminci del año pasado se alzó con el Premio “Pilar Miró” al Mejor Nuevo Director y el Premio a la Mejor Dirección de Fotografía. Uno puede imaginarse realizándola en su país en medio de serias dificultades, por el régimen de falta de libertades que actualmente rige Egipto. De hecho para el montaje final eliminó una escena en la que los arrestados rezaban hacia la Meca, aunque cada uno de ellos dirigiéndose a una dirección diferente, porque ya sí que no hubiera pasado el filtro censor.

No os la perdáis, es impactante, del mejor cine político.

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