Sobre un vicepresidente virtual y otras lindezas

Feb
2016
17

Publicado por en Sociedad

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Siguen siendo los señoritos del mundo, inmersos en discusiones bizantinas mientras la mayor parte de la gente corriente lo pasa mal, incluso vive desesperada porque no cuenta con lo básico, y, un poco más allá, cientos de miles de personas, hombres, mujeres, niños, mueren en el mar, son masacradas por bombas y disparos asesinos (da igual de donde lleguen las balas) o encerradas en campos de concentración, alejadas en todo caso de sus hogares destruidos. Y quien puede hacer algo, permanece impasible, envuelto en su vida enriquecida. Aquí, en España, siguen jugando a ver cómo maniobran para que sea el otro el que tenga la culpa de volver a hacer elecciones generales, da la impresión de que por el gusto de tener el mando de la consola.

Se ríen de nosotros. Sí, Pablo Iglesias se burla de nosotros, Pedro Sánchez se burla de nosotros. Los demás políticos también se burlan de nosotros. Y todos parapetándose en nuestro interés, llenándose la boca cuando dicen que “es lo que quiere la mayoría”, “todos los españoles creen que esto es lo que hay que hacer”, “los españoles nos han dicho en las urnas”, “lo hacemos por el interés general”. Frases huecas, demagógicas, manejadas intencionadamente para aparentar que nos tienen en cuenta a la hora de sus decisiones, de sus requiebros. Y no es verdad, si nos tuvieran en cuenta ya habría un gobierno, el que fuera, que tirase para adelante en la senda de mejorar, en la práctica, las condiciones de vida de todos.

Pedro Sánchez tiene su estrategia y él sabrá cuál es. Pedro Sánchez conversa con todos, medio pacta ya con Riverita (al PP ni agua pero Ciudadanos parece su clave, algo que es un tanto complicado de entender), sin mediar palabra con Podemos, que es su único camino salvo que en el fondo quiera evidenciar que ese acuerdo es imposible para establecer un gobierno continuista al de Rajoy.

Pablo Iglesias es un chulo, su expresión corporal así lo delata, que tiene su estrategia y él sabrá cuál es. Bueno, la sabe él y parece que la adivinamos todos: ir a una nueva convocatoria electoral. Porque desde luego, desde el resultado de las elecciones de diciembre, la manera de dirigirse al PSOE no ha sido, ni de lejos, la de alguien que quiere buscar un aliado. Se lo está poniendo imposible, pero sigue hablando de la confianza que tiene que tener Sánchez en él como su vicepresidente. Él ya se ha autoproclamado vicepresidente, eso sí, vicepresidente en su Juego de Tronos, vicepresidente virtual, que nada parece conducirle a ese sillón. Porque simultáneamente a dejarle todo el trabajo hecho, le siembra el camino de trampas.

Yo soy la calle, colegas Pedro y Pablo. Yo vivo lo que vive la gente normal. Y os aseguro que quieren, queremos ya un gobierno decente que permita recuperar el destrozo en el que nos han sumido. No queremos, Pedro, un gobierno que siga el camino de mierda iniciado por Rajoy, así que no le hagas tanto la pelota a Ciudadanos, que además no te puede permitir el gobierno. No queremos, Pablo, que sigas paseando tu jactancia y tu arrogancia por los pasillos del Congreso, sino que construyas con el PSOE cualquier manera que sirva para lo que todos necesitamos.

Habéis perdido el norte, os confundís de perspectiva. Y saber, que si no ponéis los pies en la tierra, nos estaréis traicionando, con lo que eso representa para nuestras vidas cotidianas. Que no queremos apostar a ver quién gana las elecciones de junio; que la comida y el techo, como nos muestra esa fantástica película de Juan Miguel del Castillo, que os recomiendo que veáis para ver si os da una pizca de lucidez, no es una broma, no es moneda de cambio, es la puta realidad que hay que transformar, aunque sea poco a poco, aunque sea sin conseguir ser el vicepresidente de los sueños, ni el presidente de todos.

Mientras, los movimientos sociales, las mareas, desde luego lo que queda del 15M, los sindicatos, las asociaciones, la gente indignada, todos metidos en nuestras cosas, pasando de la decisión de formar gobierno que puede perseverar en la ruina del país o que puede iniciar una senda de reconstrucción, sin manifestarnos de ninguna manera efectiva por fórmula alguna. Ya nos hemos olvidado que la calle tiene su peso. ¡Qué mal vamos!

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